MOTIVACIÓN. Proyecto educativo familiar (II)

“Motivar, es meter en el otro las razones para que quiera y haga una determinada cosa libremente”. Carlos Llano (Análisis de la acción directiva).

Motivar es conseguir eso que mueve a una persona a hacer algo.

Esto no es nada fácil, porque es una manera de hacer marketing con nuestros hijos, a la vista está la cantidad de dinero que se gastan las empresas cuando quieren vender un producto.

Por lo general los padres vamos dando órdenes. A veces muchas a la vez, repitiendo lo mismo todos los días. No quiero decir con esto que no haya que dar órdenes, claro que sí, además es necesario; pero con órdenes no motivamos, ni tampoco motivamos repitiendo de una manera cansina todos los días lo mismo.

En nuestro proyecto educativo familiar, la motivación adecuada la encontraremos de acuerdo al objetivo que queremos conseguir y de acuerdo a la edad: no se motiva igual a un niño de 2 años que a uno de 5, de 8 o de 16. Tampoco se motiva igual a niños de la misma edad: está muy estudiado por los expertos y los vemos en el día a día. Aunque estos niños tienen unas características por la edad, cada uno tiene su personalidad, su carácter, su temperamento, sus gustos y la época en la que le ha tocado vivir.

En una familia en la que querían motivar a sus hijas de 3, 5, 6 y 8 años para que hicieran suyo el encargo de recoger la cocina después de comer, vieron que la idea no les entusiasmaba mucho, y hubo cierto rechazo principalmente por parte de la de 5 y la de 6 años.

Entonces, pensaron en cada una: la de 8 años tenía predisposición a la ayuda en casa, le gustaba colaborar; a la de 6 años le gustaban los detalles y los efectos visuales, que hubiese armonía en la decoración, muy detallista; a la de 5 años le gustaban los retos, marcar los tiempos, y a la pequeña, le gustaba sentirse mayor participando en las actividades de sus hermanas mayores.  De esta forma le explicaron a cada una, por separado, que era un trabajo en equipo, y que cada una tenía su función. De esta forma a la de 8 se le elogiaba su buena disposición para ayudar, a la de 6 el buen gusto que tenía para dejar cada cosa de una forma agradable y atractiva, a la de 5 por hacerlo en tiempo récord y la pequeña de 3 años porque le encantaba que le dijeran que era mayor.

Con este ejemplo vemos claramente la necesidad de conocer a nuestros hijos para poder motivarles, pero como educar es una ciencia y un arte, es necesario conocer los distintos niveles de motivaciones, que se dividen en extrínsecas, intrínsecas y trascendentes.

  • Las motivaciones extrínsecas, son aquellas destinadas a satisfacer necesidades materiales.
  • Las motivaciones intrínsecas, son aquellas destinadas a satisfacer necesidades intelectuales.
  • Las motivaciones trascendentes, son aquellas destinadas a realizar actos en beneficio de otras personas.

En conclusión: para motivar debemos tener claro el objetivo que queremos conseguir, aplicar el nivel de motivación adecuado y conocer a los hijos, en sus características generales según la edad y en los rasgos de su personalidad.

En el ejemplo que he mencionado antes los padres tenían como objetivo que hicieran suyo el encargo de recoger la cocina y en él se trabajan la responsabilidad, el orden, la belleza, el trabajo en equipo y el aprovechamiento del tiempo.

Y todo esto se consigue intentado meter razones, para que quieran hacer una determinada cosa y un determinado acto libremente, porque en el fondo es lo que queremos conseguir y es lo que mueve la voluntad del sentido, que es la motivación primaria del ser humano.

Así les estaremos ayudando a ser personas libres, personas felices.

 

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Proyecto educativo familiar (I)

 

 Ya decía Aristóteles hace más de 2000 años que educar era crecer en virtudes.

Cuando educamos en virtudes vemos que es más efectivo que estar a la espera de los problemas para solucionarlos, porque educamos en positivo, es decir, intentamos fomentar virtudes en vez de corregir y sacamos lo mejor de cada hijo.

Un Proyecto educativo es una planificación de lo que deseamos conseguir y, para llevarlo a cabo, es necesario saber cuál es el objetivo, cuál es la mejor forma de hacerlo y cuál es la motivación.

Una vez que tengas el objetivo claro ¡ponte manos a la obra! Te propongo un ejercicio:

Elabora un cuadro en el que pongas el nombre de tu hijo, sus puntos fuertes y sus puntos a mejorar en lo referente al aspecto académico, físico y de la voluntad. Con este listado, el siguiente paso sería ver de acuerdo a la edad de tu hijo, qué es aquello que deberías corregir o afianzar para crear una sinergia positiva en aquello que se le da mejor.

Por ejemplo, si tienes un hijo pequeño cuyo punto flaco es la pereza, al que le cuesta levantarse, comer o bañarse; habría que hacer un plan para corregir esa conducta en el que se trabaje la diligencia y se fomente la actividad. Podría ser a través de un calendario vistoso y llamativo en el que se viese la rutina diaria, destacando (con recortes, pinturas o pegatinas) aquellos momentos que compartimos con él. Esto le ayudaría a visualizar cuál es el momento para cada actividad.

Si tienes otro de 9 años al que le gusta leer, se podría hacer un plan que afianzase este excelente hábito.  Una buena opción sería ir a la biblioteca cada semana o cada quince días, y sacarle el carnet para que pudiera leer los libros en casa.

Hay otros que se ponen a hacer sus deberes o tareas sin que se lo digamos, y ahí ¡tienes la oportunidad de crear una sinergia positiva de forma activa! no solo de realzar su mérito de palabra, sino con hechos, haciéndole ver de forma clara todas las cosas que puede hacer y que le gustan gracias a su buena organización. Gracias a esto estaremos imprimiendo en su subconsciente los beneficios del hábito del estudio.

Es cierto que siempre que hacemos una lista de puntos fuertes y puntos a mejorar, vemos una interminable tarea; pero como acaba de comenzar el curso, y es un buen momento para empezar de cero, es importante que veamos que los objetivos a conseguir deben estar ordenados a corto, a mediano y largo plazo.

Educar en positivo nos acerca más a crecer en virtudes.

 

Padres exitosos

Os dejo este artículo de la revista Hacer Familia, me ha gustado mucho y espero que a vosotros también. ¡Feliz jueves!

Las expectativas que los padres depositan en sus hijos influyen en el futuro profesional de estos.

13 puntos que tienen en común los padres de hijos exitosos, según la ciencia

EL POSTUREO

Esto es un trabajo que ha hecho una de mis hijas para clase, lo comparto porque me ha gustado un montón, no lleva mucho tiempo leerlo y es entretenido, ¡espero que os guste!

1. INTRODUCCIÓN

Desde que era niña, me ha gustado leer las biografías de personajes célebres, y, siempre que los autores definían su físico y los etiquetaban como seres atractivos y guapos yo me los imaginaba como el prototipo de belleza que tenemos hoy en día. Pero, cuando veía las fotos, me decía a mí misma que los autores tenían un gusto pésimo y que no sabían lo que era la verdadera belleza.

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Una de las biografías que leí era la Edith Stein, y la verdad, me sorprendió cómo la describían en el libro y cómo la veía yo en la realidad. La foto pertenece al año 1914, pero, examinando muchas de las fotos de esa época (retratos de los amos de una casa, anuarios o soldados que murieron en la guerra), tienen todas el mismo estilo pero con un fin distinto al que muchos tienen hoy el día: el recuerdo. No sonríen, no “posan”, sólo quieren la imagen para conmemorar aquel día.

De lo que voy a hablar es de cómo vemos nosotros las imágenes ahora, el sentido que tiene el llamado “postureo” y el impacto que tiene en nuestra sociedad.

2. ¿QUÉ ES EL POSTUREO?

El término postureo definido por la RAE (sí, aunque no lo creas está reconocido) viene descrito así:

“Dícese del conjunto de actos y actitudes que convergen en la consecución, o intento de acercamiento hacia un estatus social correspondiente a una categoría diferente de la persona que lo ejerce”.

En otras palabras, es mostrarse como algo que no se es, es dar a entender a través de una foto o un vídeo una escena que no es la verdadera realidad.

Es plasmar en imágenes momentos para que los demás los vean. Pero traducidos al pensamiento humano, una foto en Instagram bailando con una copita en la mano, puede querer expresar muchas cosas, como “mira, este fin de semana he salido de fiesta”, o, siendo un poco más retorcidos, cuando se acaba de terminar una relación es un “mira que bien estoy sin ti”.

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Es un lenguaje totalmente distinto, ya no te diriges a la persona para contarle algo, porque ella ya lo sabe antes de que tú cuentes nada, simplemente porque tiene cuatro cuentas en las redes sociales.

Voy a poner un ejemplo: son las diez de la mañana de un domingo de resaca, y los “500 amigos” de Laura (por poner un nombre) ya saben por Twitter que está pasando por un mal momento porque su relación se ha acabado, por Snapchat que se había emborrachado, por Facebook que la noche la empezó como Olivia Newton John y la acabó como Amy Winehouse, y por Instagram que tiene un montón de amigos guapos porque la foto ha pasado por ocho filtros antes de ser subida. Cuando la realidad de todo esto es que se pasó horas arreglándose con sus amigas y se hicieron cuarenta y tres fotos por aburrimiento de las cuales UNA después de ser mil veces retocada la subió a Instagram. Su “amiga”, a la que no le importa dejar mal a los demás subió cuatro a Facebook sin preguntar, un desconocido le grabó un vídeo de Snapchat mientras estaba borracha y tuiteó a las cuatro de la mañana que echaba de menos a su ex.

Esto es el postureo.

El problema de las redes sociales no son las imágenes que continuamente publicamos, porque no tiene ningún mal en sí, sino saber canalizarlas en el verdadero momento y dirección.

3. LOS PROBLEMAS DE LA GENERACIÓN MILLENNIAL

El término Millennial viene dado a que son la generación que se hizo mayor de edad con la entrada del nuevo milenio: son aquellos nacidos entre 1980 y 2000 (aproximadamente) que tienen unas características propias, es decir, tiene una personalidad. Son los hijos de la generación del Baby Boom.

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Con esto no quiero decir que todos tengamos la misma personalidad, sino que todos los de esta generación estamos influidos por cosas muy parecidas.

Somos una generación en la que estamos muy bien preparados académicamente, gracias a los numerosos avances que ha habido en la sociedad. La pega, es que estamos mal acostumbrados a la “buena vida”, que mal llevada puede desembocar en una enorme prepotencia.

Constantemente se publican artículos de lo bueno que es querer a los demás, la dieta sana, y tener una mente equilibrada. Y muchos piensan ¡es verdad, cuánta razón! Por lo que, los que tienen un poco de cabeza lo pondrán en marcha, y los que no, volverán al postureo, que es lo que vengo a analizar:

  1. Querer a los demás

    A muchos de nosotros, nos han educado de esta forma: nos han enseñado que hay que preocuparse por los demás. Pero no todos lo entienden, ya que la distorsión entre el mundo real y el virtual genera mucha confusión.

    En la siguiente estadísica se muestran los motivos por los que actúan los agresores escolares (sacada de febrero de este año) :5..jpg

    Y se refleja, que el objetivo del respeto a los demás no está muy logrado. Nos topamos constantemente con este tipo de artículos que nos informan sobre lo que está pasando, pero está más de moda, y es mucho más atractivo tener como portada en Facebook una foto con un montón de africanitos sonriendo que una con el “aislado socialmente” de la clase. El postureo no es irse a países pobres a ayudar a los demás (que ojalá esto se mantenga), sino cometer la hipocresía de gastarse 2000 € en un viaje para construir un colegio en una ciudad perdida del África Subsahariana y luego no ser capaz de poner la mesa en casa o de hablar con cariño a la familia, porque claro, no es lo que se lleva.

  2. La vida sana

    Todas las páginas web de las revistas de moda tienen un apartado “fitness” o “alimentación y nutrición” que habla de lo de moda que está entre las modelos de Victoria’s Secret las tres b: ballet, boxeo y bici; lo buenas que son las semillas que contienen un montón de fibra y lo detox que resultan los famosos “batidos verdes”. A día de hoy fuma mucha menos gente, se promueve la comida sana y el deporte, y, a veces, como no, se lleva a los extremos. La última moda que pasó por las redes y está calando en los institutos es la siguiente:

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    Tu cintura debe medir lo que mide un DINA4”. La cosa va de que, si lo consigues ¡felicidades!, subes la foto a las redes y formas parte de ese grupo selecto de chicas que “se cuidan un montón”.

    Por otro lado, a raíz de esto, surgieron (como siempre) críticas del extremo totalmente opuesto que decían que cada uno tenía que aceptarse como era. Esto también es verdad, pero volviendo al punto de partida (al mal entendimiento de las cosas), se publicaron numerosos artículos que prácticamente defendían la obesidad. O blanco o negro.

  3. La mente equilibrada

    Otra de las prácticas que está muy en boga es subir fotos con mensajes que pongan cosas como “haz que la vida valga la pena” o “tú puedes con todo”. Y, ¡qué bonito es pensar todo esto! Pero nada puede estar más alejado de la realidad, ya que, según las estadísticas, el 40% de las personas en España padecen ansiedad o depresión.

    Una sociedad un poco bipolar, que se muestra en la red de una forma muy positiva, y por dentro está totalmente destrozada.

4. EL EFECTO LIKE

Si entramos en la red social de cualquier persona, sin conocerla mucho, el número de “likes” o seguidores que tiene en cada una de sus cuentas nos pueden orientar a conocer su popularidad en las redes sociales. Constantemente se publican artículos como “Kendall Jenner es la modelo más famosa en Instagram” o “Gigi Hadid cuenta con más seguidores que su hermana”, y, como la generación Millennial quiere seguir sus pasos, piensa que el éxito está en tener la aprobación de mucha gente en las redes.

Todo muy estratégico.

    Una adolescente que quiere tener seguidores, no subirá a secas una foto de una excursión. Probablemente de las tres fotos que ha sacado haya cogido una, la haya cortado para que no se vean sus “cartucheras” y le haya puesto mucho brillo para tapar las ojeras y los granitos. Pero ¿está mal querer salir bien en una foto? Por supuesto que no, lo que es preocupante es dejarse dominar por ellas. El like es el boca a boca de hoy en día. Cada vez que alguien marca me gusta en algo, sus amigos verán su nombre y la foto o anuncio debajo.

Por esto, muchos adolescentes canalizan su autoestima en el número de gente que los sigue en Instagram o en el número de amigos que tienen en Facebook.

La autoestima, se reconoce como un indicador del desarrollo personal fundado en la valoración, positiva, negativa o neutra, que cada persona hace de sus características cognitivas, físicas y psicológicas.

El problema radica en que si la autoestima se desarrolla en algo superficial (como lo que vemos de los demás) en vez de basarse en lo bueno que se tiene de uno mismo, se crea un círculo en el que las decisiones que se toman dependen continuamente de los demás.

Esto influye mucho en las decisiones políticas, morales y de desarrollo del carácter porque si una persona quiere imitar a toda a costa a otra sólo por el número de seguidores que tiene, intentará ser quien no es y pondrá un obstáculo en la felicidad que podría alcanzar si intentase desarrollar sus puntos fuertes.

El psiquiatra Enrique Rojas, autor de muchos libros de los que habla sobre este tema, nos dice que hay cuatro pilares para tener una vida plena: el amor, el trabajo, la cultura y la amistad. Según él “la felicidad consiste en tener un proyecto de vida coherente y realista en donde necesitas sacarle el máximo partido a esta tetralogía que circula dentro de nuestra forma interior”. Y nos aconseja los siguientes puntos para reforzar la autoestima:

  1. Reconoce y valora las cosas buenas que tienes.
  2. Identifica dos errores de tu conducta y lucha por corregirlos en los próximos meses.
  3. Céntrate en la tarea que tienes entre manos en este momento.

Y es cierto, a todos nos gusta gustar, que nos miren y nos reconozcan. Cada uno tendrá su punto: la inteligencia, la belleza, la cultura… pero no es bueno caer en el autoengaño, ya que, aunque esas cosas forman parte de nosotros, no podemos basarnos en que la gente nos querrá solo por eso, ya que quien nos quiere de verdad, nos quiere como somos al completo. Nos gusta el físico, sí, pero nos enamoramos de la persona.

5. ESCLAVOS DE LA PASIÓN

El título pertenece a un capítulo del libro “Inteligencia Emocional” de Daniel Goleman. Dice que “el dominio de uno mismo, esa capacidad de afrontar los contratiempos emocionales que nos deparan los avatares del destino y que nos emancipa de la «esclavitud de las pasiones» ha sido una virtud altamente encomiada desde los tiempos de Platón […]. El intento de acallar las emociones conduce al embotamiento y la apatía, mientras que su expresión desenfrenada, por el contrario, puede terminar abocando, en situaciones extremas, al campo de lo patológico (como ocurre, por ejemplo, en los casos de depresión, ansiedad aguda, o cólera desmesurada).  La vida está sembrada de altibajos, por eso debemos mantener el equilibrio”.

Otro tipo de postureo, que yo diría que es el más peligroso, es el de publicar esos extremos constantemente en las redes sociales, que al fin y al cabo corrompen la intimidad de la persona. Es otra moda, un intento fallido de hacerse fuerte diciendo al mundo que no le importa que todos sepan sus secretos. Puede parecer un desahogo, pero en realidad demuestra inseguridad y falta de confianza.

Para que se entienda mejor: son mensajes, especialmente de adolescentes en plena revolución hormonal y de adultos que demuestran una clara inmadurez que, sin querer, dicen mucho más de sí mismos de lo que probablemente quieran. Y en algunos, solo por esos picos emotivos que publican, se refleja claramente su inestabilidad, y de otros, leyendo entre líneas, se puede saber cómo les trata la vida.

La intimidad, es la “zona vip” de una persona, algo importante en cada ser humano, y sin querer, sólo por el deseo de hacer estas cosas públicas mostramos mucho más de lo que queremos. Si yo te dijera que las siguientes imágenes son de la misma persona, sin conocerla ya me podrías decir que tiene un hijo, problemas económicos, y no está del todo contenta con su imagen.

No voy a juzgar más o menos lo que publican los demás, ya que los ejemplos anteriores son algo muy común en la sociedad, pero sí he visto posts (pocas veces) que dicen cosas como “te odiaré para siempre” o “mi vida es una mierda”, que claramente reflejan la poca importancia que se puede dar alguien a sí mismo o a los que tiene alrededor; y en consecuencia un desequilibrio personal.

6. NOS GUSTA EL HUMOR ESPAÑOL

No soy española de nacimiento, pero me he criado aquí, y me hace reír lo mismo que al resto. No quiero que esto se base en continuas malas críticas, ya que todo en extremo es malo.

He de reconocer, que la cultura española del “postureo” no se limita solo a dar la imagen que no se tiene: mucha gente lo usa también para reírse o para hacer reír a los demás.

Cómicos como Daniel Rovira , Jorge Cremades o José Mota lo recrean muy bien en sus vídeos, ya que tienen la capacidad de imitar las situaciones que nos suceden a todos sin caer en la vanidad (o al menos eso pienso yo) con tal de hacernos pasar un buen rato.

Mismamente, dentro de las redes hay una página en Facebook que se llama “Postureo Español”, y no hace excepciones. Se ríe de todo y de todos, y nos hace ver que todo puede tener un lado divertido publicando imágenes como estas:

Al ciudadano español, le gusta reírse de sí mismo, y aquellos que tienen un mínimo de inteligencia emocional saben desconectar de sus problemas gracias a este tipo de cosas.

Pero no todos saben verlo, ya que depende de cómo haya desarrollado cada uno su personalidad para tener un punto de vista positivo. Puedes ser un gordo asqueroso o estar fuertecito, y puedes ser el tímido sin habilidades sociales que intenta ser ignorado por miedo al rechazo o el misterioso reservado e inaccesible que no habla, pero desprende un halo interesante.

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7. EL PUNTO FINAL

¿Cuál es el desenlace de todo esto? ¿Qué puede buscar la generación Millennial? Está claro que busca la aprobación, encajar, y como fin último la felicidad. Pero ¿realmente usamos las redes sociales porque somos felices o como medio para ser felices?

La cuestión radica en que cada uno se plantee pensar cuánto se conoce. Reconocer que tiene humanidad, y que el sufrimiento, aunque no se publique como modelo a seguir, forma parte de nuestra vida.

Y no es tan complicado, una gran parte de nuestros problemas se basa en el autoengaño, y cosas tan simples como pedir perdón o dar las gracias pueden enredarse si no tenemos claro lo que queremos. Lo refleja muy bien la navaja de Ockham: «pluralitas non est ponenda sine necessitate», las cosas esenciales no se deben multiplicar sin necesidad. Ya que cualquier problema tiene solución, y para infinidad de problemas hay infinitas soluciones, unas más sencillas que otras.

Hay que salir de la caverna de Platón, y, poniendo los pies en la tierra, hacerse consciente de la realidad que nos ofrece el mundo para saber manejarla con equilibrio.

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